Ser un guerrero no significa ser un soldado. Un guerrero actúa desde el corazón, es capaz de vaciar su cabeza o utilizarla en su justa medida, en cambio el espíritu del hombre de negocios que es el que predomina en esta sociedad de consumo, basada en la competitividad, es cicatero, siempre regateando, siempre tratando de dar menos y sacar más. Siempre pensando en el beneficio. Un guerrero no regatea, no transige, no se deja sobornar, se mueve en otro plano. Si un hombre de negocio piensa en la iluminación, piensa en ella como una ventaja más. Tiene una lista, comprar una casa, un coche, esto y lo otro y también quiere comprar la iluminación, porque él solo entiende de dinero, todo es una cuestión de números, de ganancias y pérdidas, siempre están invirtiendo, incluso en el más allá.
Un guerrero no va detrás del beneficio, está desapegado del fruto de su acción, busca una experiencia culminante. Los soldados han dejado de ser guerreros, son sólo funcionarios. Es fácil tirar bombas o misiles para destruir y matar a millones de personas, lo podría hacer incluso un niño, cualquier loco lo podría hacer, de hecho, sólo un loco puede hacerlo, a las órdenes de estúpidos y crueles militares.
Cuando te enfrentas a un peligro real, la mente te detiene, el pensamiento se para, si piensas eres hombre muerto, puedes hacerlo sentado en tu silla, pero cuando estás frente al enemigo no puedes pensar. Toda la vida es una situación de emergencia y por todos lados hay enemigos y serpientes, feroces animales salvajes listos para atacarte. Toda la vida es una guerra, en cualquier momento puedes morir, la situación de emergencia es permanente. La mente calculadora y astuta del hombre de negocio no puede responder con eficacia y prontitud ante situaciones de emergencia, porque le falta la inteligencia y el corazón del guerrero.
La sociedad, la cultura, el condicionamiento, nos han vuelto más miedosos, menos intrépidos y todo lo que sea correr riesgo asusta, pero la vida es un riesgo, el amor es un riesgo y no es posible alcanzar a Dios por medio de las matemáticas. El único camino es adentrándote en lo desconocido, adentrándote en la oscuridad, sin mapas, sin senderos, hace falta la cualidad del guerrero para alcanzar la luz.
Por esto es tan difícil entender el espíritu del Aikido, en una sociedad tan materialista, basada en el beneficio, basada en la destrucción del enemigo. En Aikido no existen enemigos a batir, no existe una intención de romper brazos y costillas con sendos y eficaces golpes mortales. Es una via de unidad y fusión con nuestro compañero y una búsqueda interior para alcanzar el centro perfecto. Puedo constatar que a pesar de tan buenas intenciones y de los mensajes de los grandes maestros, muchos practicantes de Aikido que llevan hakama, mantienen aun el antiguo espíritu Jitsu, una manera de ser basada en la victoria, no sobre uno mismo, sino sobre los demás. Esto es deplorable, porque es el espíritu del hombre de negocio, es hora del cambio, pero desde dentro.
RAICES
En Japón hay árboles de 400 años cuya altura no llega a los
15 centímetros. Los expertos de este supuesto arte lo consideran como algo
sublime, un servidor lo ve casi como un asesinato. Un árbol que parece viejo y
solo mide 15 cm. Hubiera podido alcanzar 50 metros de altura, tratando de
alcanzar las estrellas.
¿Qué le han hecho? ¿Qué extraña y macabra estrategia han
usado?. En resumidas cuentas, la misma que se usa contra la humanidad, contra
el hombre. Colocan el árbol en un tiesto casi plano y a medida que crecen sus
raíces las van cortando, porque el tiesto no tiene fondo y es imposible que las
raíces profundicen, el árbol no puede crecer. Se hace viejo pero no crece.
Es lo mismo que han hecho con el hombre, con la humanidad.
Qué mundo más extraño hemos creado. Dividido por las religiones y por sus
sacerdotes, que no dudan en matar en nombre de un falso Dios y mandados por
estúpidos Generales llenos de galones y medallitas con el corazón vacio y
ávidos de guerras. Desde hace miles y miles de años no hemos conocido la paz.
En este enorme desierto siempre puedes encontrar un oasis,
con agua fresca, donde puedas saciar tu sed, si realmente eres un buscador, lo
verdaderamente trágico sería que también lo destruyeras. El Aikido como arte,
como vía de comunión con el universo. Este es mi oasis particular, mi vitamina.
Aquí mis raíces se hacen cada vez más profundas, sin que nadie me lo pueda
impedir y a la par empiezo a crecer, apuntando a las estrellas, pero sin perder
el contacto con la tierra. Ejemplo de esta proeza en sin duda ninguna el
Maestro Ueshiba, fundador del Aikido, el cual desde su condición de hombre,
alcanzó un nivel espiritual que para nada tiene que envidiar a otros grandes hombres
de la historia humana.
La respiración nos conecta con Dios, nos alimenta, nos hace
más dichosos, sin respiración todo se vuelve opaco. Vivimos demasiado
reprimidos, sin expansión, la represión es hacer cosas que nunca has querido
hacer, ser la persona que no eres, es una manera de destruirte, un suicidio
lento pero certero. Cuando son cortadas las raíces, cuando no existe un
crecimiento natural, te conviertes en un zombi.
Haz caso a tu corazón, a tu inteligencia, a tu cuerpo y
empezará un proceso de expansión, de crecimiento, tus raíces empezarán a
crecer. Se espontaneo, creativo, total, integro.
La estrategia de cortar tus raíces, es una estrategia de
represión, un truco para dejarte invalido, mutilado, para debilitarte, para
enfrentarte a ti mismo. Una manera de crear un conflicto dentro de ti. Estás
continuamente luchando, la sociedad te ha dividido, te ha confundido, te ha
vuelto un esquizofrénico, Eres como un barco a la deriva, no sabes quien eres,
no sabes a donde vas y en esta confusión surgen los grandes líderes: Hitler,
Mao Zedon, Stalin, etc. Que se aprovechan de ti, que te manipulan, que te
destruyen. Basta ya de tanto sinsentido, es el momento del cambio, de la
verdad, fíjate en los grandes hombres de la humanidad. Tenemos al Maestro
Ueshiba, nos ha legado una práctica espiritual como es el arte del Aikido, es
nuestra estrella Polar. Ya nadie podrá manipularte, ni mandarte, ni sobornarte,
porque serás libre. No tengas miedo a la libertad, se acabó la esclavitud,
vuela a lo más alto, es tu misión tu cometido en la tierra. Te has enraizado en
el centro perfecto, por tus venas circula una savia nueva, la puerta está a
punto de abrirse. Es el momento de la fusión total con el Universo.
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